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   E d i t o r i a l  // Noviembre 15, 2007

   San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha. México. 

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  En el principio era la palabra. Y la palabra se hizo comunicación.

 

  Devino así la cultura oral. Fue desde la oralidad que el hombre, al considerarla volátil, quiso perpetuarla por la tradición.      Tradición conlleva trasmitir de voz en voz, de familia en familia, de pueblo en pueblo. Sólo que “de voz en voz” resulta harto fácil que el contenido se trastoque. No es lo mismo comunicar: “yace el rey en la cima”, que “el pobre en la sima yace”. De ahí la necesidad ineludible de fijar la palabra. Y la palabra se arropó de signos. Y el signo dio pie al petroglifo y, tras múltiples tanteos, a la escritura. Con la escritura la cultura pudo marcar un punto de referencia y éste, un hilo conductor. Porque a “la palabra”, dicen, “se la lleva el viento”. A lo escrito, no. Por eso la humanidad dio un gran salto cultural cuando, dándoles un signo gráfico, pudo codificar los fonemas y unirlos de manera tal que estandarizaran la palabra escrita. Fue así que nació el escrito. Milenios después, el papiro, el rollo. El libro. Y, con su colección, la bodega del saber. Luego vino forjar las letras en tipos, acomodarlas embarrándolas de tinta,  imprimir el libro, difundirlo y con su lectura, universalizar el acceso a la cultura escrita.

 

            Fue, gracias a este medio y su capacidad de copia infinita, que el hombre común pudo hacerse más sapiens. Y los pueblos también. Sobre todo los que comenzaron a tener un acceso expedito a la palabra escrita. No hubo ciencia ni mito ni mentira que no acabara envuelta en esa red de papel y tinta. Nacieron así la historia subjetiva y la historia oficial. El libro sagrado. El texto universitario. La cartilla de alfabetización. Cuestión del color, de la ideología, del talento y hasta de la posición social con que se escriba. Lo que dio pie al postulado, al alegato, a la réplica y a la contrarréplica. Alguien escribe su verdad. Otro le antepone la suya. Y entre verdades y mentiras escritas devino la facilidad de discernir lo que antes, mucho antes o “en el principio”, hubieron estipulado como verdad o verdades absolutas. Y la palabra se democratizó. Si cuando en la cultura oral la voz la imponían la autoridad o el púlpito, al democratizar el escrito pudieron los menos difundir los suyos. Fue así que pueblos empujados al etnocidio, ésos de rancia tradición oral -y me refiero a pueblos como los pueblos originarios de América- para protegerla de las inclemencias del tiempo, comenzaron a empalmar su tradición oral con la aserción escrita.

 

            No por otra cosa, 500 años después del despojo cultural de que fueron objeto, nació hace un poco más de dos quinquenios un medio de expresión escrita arropado por el nombre de Xiranhua, precisamente porque no quiso desarraigarse de su raíz cultural. Pasados unos años, regresó a la palabra oral, que es la de sus orígenes y Xiranhua escrita se despegó de su papel y tinta y se encarnó en “palabra al aire” para así poder desencadenarse de su entorno geográfico y abarcar al mundo. Mundo moderno que tiene en poco la palabra oral y en menos la palabra escrita. Mundo de la imagen. Que porque “una imagen vale más que mil palabras”, arguye. Es por eso que para reencarnarse,  Xiranhua ha comenzado a transmitir imágenes; sólo que esta vez, bajo el formato cibernético del video digital, imágenes en movimiento. Así, para que la historia y los reclamos de los pueblos originarios -como originario de estas tierras lo es el pueblo p´urhépecha- den al blanco; se propone atestiguar su vida, padeceres y logros en ese formato. Así blindará su alegato. Llamará así a la atención propia y, en medio de las ofertas trasnacionales de los poderosos, a la atención de la aldea global. XiranhuaTV, www.xiranhua.com.mx, continuará, nadie lo dude, siendo fiel a las causas que la hicieron nacer. Que son las causas: las raíces de los pueblos originarios.

           San Lorenzo Narheni, Meseta P'urhépecha.  México. Noviembre 15, 2007

                                         

 e-mail: xiranhua@purepechas.org

 

 

 

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